Toledo, 1-4 Octubre 2014
El Greco en su IV Centenario: Patrimonio Hispánico y Diálogo Intercultural

XX Congreso Nacional de Historia del Arte CEHA

Reflexiones sobre “El Toledo que recibe al Greco”

“El Toledo que recibe al Greco” ha sido un verdadero ejercicio de reflexión sobre la realidad que envolvía al pintor cretense. El amplio abanico de temas seleccionados por los profesores Palma Martínez-Burgos y José redondo nos ha permitido profundizar en la naturaleza de algunos fenómenos que manifiestan la necesidad de construir una historia total, un poliedro de temas que trasciendan los límites del estudio biográfico y del estudio técnico de la producción artística en aras de acortar la distancia que aún nos separa del Greco.

“Panorama artístico de la ciudad a la llegada del Greco”

La profesora Palma Martínez-Burgos volvió a dar una lección magistral de oratoria con la ponencia de apertura del Seminario de Otoño, que versó sobre el panorama artístico con el que se encontró El Greco al llegar a Toledo.

En Toledo tenían cabida lenguajes estéticos de muy diversa índole y entre los que despuntaba la estela de Juan de Borgoña, encarnada en artistas como Correa de Vivar, o los pintores asociados a la realeza o al clero y que eran receptores de los encargos oficiales, sea el caso de Luis de Carvajal o de Velasco y Prado, respectivamente.

Todos ellos han sido considerados por la crítica como eminentes figuras del arte español de la época, pero como indica Martínez-Burgos, el desconocimiento que hoy en día planea sobre ellos es abismal. A pesar de los intentos de algunos especialistas como Martínez Caviró, Marías o la propia ponente, el conocimiento de sus catálogos se ve ensombrecido no sólo por el desinterés, sino porque la mayoría de sus obras se han conservado en lugares de difícil acceso, como la clausura de los conventos.

La historiadora del arte concluye con la idea de que si actualmente la llegada del Greco es entendida como un fuerte impacto en la tradición pictórica de la ciudad, la realidad pone de manifiesto que el pintor candiota no hizo sino convivir con un entorno activo culturalmente, adaptado a los gustos de la época y rico en matices estéticos.

“La Iglesia de Toledo a finales del siglo XVI”

Alfredo Rodríguez González, Técnico del Archivo Capitular de la Catedral, dirigió su discurso hacia el papel desempeñado por la corte eclesiástica toledana como una de las principales demandantes de arte de la época. Toledo había salido de la Edad Media reforzada por los robustos cimientos de un poder eclesiástico que tenía su sede en la ciudad y que llegaba a rivalizar con la mismísima Roma. La reforma de edificios religiosos y la creación de edificios de nueva planta jalonaron la historia de la Sede Primada durante el siglo XVI, la Catedral y las élites religiosas que la rodeaban se convierten así en uno de los principales mecenas dado que esos edificios debían albergar obras de arte nuevas, adaptadas a los tiempos que corrían. Las posibilidades que ofrecía el Arzobispado de Toledo, entendido en toda su magnitud territorial, no pasaron inadvertidas para El Greco y, como señala el ponente, este hecho puede estar en la base para comprender por qué el pintor decidió instalar su residencia en la Ciudad Imperial.

“Literatura y motivos literarios en tiempos del Greco”

La Catedrática de Lengua y Literatura españolas Carmen Vaquero ofreció valiosísimos datos acerca del horizonte literario del Siglo de Oro español. Como señala la especialista, el pintor cretense llegó a España en un momento de efervescencia literaria profundamente marcado por la sombra de Garcilaso de la Vega y en el que ya descollaban dos eminentes focos: el castellano, representado por Fray Luis de León, y el andaluz, en el que destacaba Fernando de Herrera. Vaquero además respaldaba la idea de que, a pesar de las escasas evidencias que existen sobre las relaciones del Greco con los grandes maestros de la literatura, posiblemente sí conoció a Cervantes.

Otro de los aspectos manejados por la Catedrática en su disertación fue el de los dos grandes motivos literarios, la Batalla de Lepanto de 1571 y la traslación de las reliquias de Santa Leocadia a Toledo. Eventos generosamente difundidos en el terreno de la literatura, pero que también tuvieron una amplia repercusión en la sociedad de la época.

“Fiestas y religiosidad en la Segunda Roma”

La historiografía sigue manteniendo que la firme decisión de Felipe II de trasladar la corte a Madrid en 1561 impactó en Toledo bajo la forma de una crisis que sumió a la ciudad en un profundo proceso de decadencia; por consiguiente, cabría suponer que El Greco encontró una urbe atenazada por los problemas. Pero, ¿fue ésta la realidad que conoció El Greco a su llegada?

Fernando Martínez Gil esgrimió con contundentes argumentos otra realidad que nada tiene que ver con el mito de ciudad oscura. Toledo atravesó a finales del siglo XVI un periodo de transición de poderes en el que la realeza dejaba el solio de la ciudad a la religión. Las festividades, especialmente las religiosas, certifican la existencia de una ciudad inquieta y llena de vida. La Catedral, la hegemónica valedora del poder eclesiástico del Imperio Español, empezaba a tomar posiciones como un crisol cultural, promoviendo la demanda de obras de arte y como productora de festejos –no olvidemos que en ella se celebraban acontecimientos extraordinarios, desde victorias bélicas a matrimonios reales-, se había transformado en “un perpetuo y sagrado organismo celebrante”, como se refiere a ella el profesor Martínez Gil.

El Greco conoció este esplendor heredado de la tradición medieval y reinterpretado bajo los cánones renacentistas, pero tuvo un desencuentro con él. Fernando Martínez explica este hecho por la consideración que el propio pintor tenía sobre sí mismo: El Greco fue incapaz de participar en las creaciones que ennoblecían estos festejos (arquitecturas efímeras, sargas, grisallas) porque eran expresiones que estaban por debajo de su categoría como artista, entendido el término desde su acepción humanística.

“La vida cotidiana en época del Greco a través de la cerámica”

Ángel Sánchez-Cabezudo ilustró a los participantes del Seminario con una conferencia que pivotaba sobre las posibilidades que ofrece la cerámica del siglo XVI para interpretar la vida cotidiana de la época en la que vivió El Greco. El especialista en cerámica habló tanto de los aspectos ornamentales como de los diferentes usos de los objetos. Como explicó, la producción cerámica se mostró muy permeable ante las influencias renacentista, hecho que pone de manifiesto la similitud entre las piezas de los talleres italianos y las de los talleres más insignes del momento en territorio patrio: Talavera y Toledo. Los motivos renacentistas fueron plenamente integrados en Toledo –sirvan como ejemplo la Casa de Vargas, el Convento de las Concepcionistas de Santiago o las piezas de la botica del Palacio de Tavera-, desplazando los lenguajes estéticos heredados de la tradición islámica.

Sánchez Cabezudo hizo una pequeña reflexión sobre la recreación de la cocina de La Casa del Greco, de la que dijo ser una magnifica muestra de las producciones cerámicas de los siglos XVII al XIX, pero que nada tenía que ver con la cerámica del siglo XVI, restando dos piezas que sí se enclavan en ese periodo.

“En la estela de Giulio Clovio: la iluminación de libros y el Misal del Arzobispo Quiroga”

Jaime Moraleda comenzó su exposición referenciando la figura de uno de los mejores amigos del Greco, Giulio Clovio (1498-1578), a quien conoció a través de la familia Grimani y que se convertiría en su enlace con los Farnesio.

Clovio se constituye como el último gran miniaturista del siglo XVI y representa el final de una tradición artística cuyo desarrollo puede rastrearse a través de los libros iluminados de la Catedral de Toledo, concretamente del Misal del arzobispo Quiroga, una de las joyas literarias que custodia el templo.

Moraleda hizo un repaso de los cánones estéticos que se impusieron en la iluminación de libros durante el siglo XVI, desde los libros miniados, pasando por la introducción de los motivos al candelieri, hasta llegar a las imágenes contrarreformistas, desprovistas de marcos ornamentales relacionados con la entomología y en cuyas composiciones primaban las representaciones hagiográficas.

“Venecia en la memoria: la pintura del Greco al llegar a Toledo”

“Cuando muere El Greco, muere un pintor veneciano” así introducía su discurso Alicia Cámara, y es que si en algo coinciden los especialistas es que la huella veneciana nunca desapareció de la pintura del cretense.

La Catedrática de la UNED señalaba la posibilidad de que El Greco se convirtiese al catolicismo para garantizarse más encargos e ilustraba a los participantes con una breve explicación de las relaciones entre Venecia y el hermano mayor del Greco. Asimismo, también trató con prudencia temas tan escabrosos como la posibilidad de que el pintor regresase a Venecia durante su etapa romana.

La relación del Greco con otros pintores supuso el grueso de la ponencia de Alicia Cámara. La historiadora del arte anunciaba que “los recursos de Tiziano quedaron anclados en la memoria visual del Greco”, del maestro aprendió el dominio del color “sin que ello implicase una relación discipular”, apuntaba Cámara, aunque el mismo Greco utilizó la estrategia comercial de presentarse como discípulo de Tiziano en España. Como Tintoretto, al cual posiblemente conoció por una pura cuestión cronológica, el cretense usó un catálogo de modelos y figuras de barro que fueron recurrentes en su obra, y del pintor veneciano también aprehendió las composiciones hasta el punto de que “San Roque en el Hospital” llegó a ser la obra fetén del Greco. Por último, la ponente señalaba las similitudes entre el estilo de los Bassano y el del pintor candiota, cuyas obras han sufrido un conflicto de atribuciones erróneas hasta fechas recientes.

En todo momento, Cámara citaba que la pintura del Greco fue esencialmente veneciana, y esto no pasó desapercibido para los críticos españoles que, como Pacheco o Palomino, infravaloraron las capacidades del genio por una cuestión de incomprensión absoluta de sus intenciones.

“La aportación del Greco en el arte español”

El Seminario concluyó con un repaso de las aportaciones del Greco al arte español, que corrió a cargo de José Redondo Cuesta. Como citaba el Técnico del Museos del Estado, la faceta del candiota como agente dinamizador de la pintura española es una de las menos conocidas, a pesar de que El Greco introdujo algunas novedades que se plegaron sobre la tradición pictórica española y que ésta incorporó como recursos propios en los siglos posteriores.

Aunque poco se conoce de su estancia en Italia, es innegable que el joven cretense se transformó allí en un artista plenamente capacitado. Las enseñanzas de la pintura italiana le permitieron importar a España algunas novedades técnicas como el uso del lienzo frente a la tabla o la escrupulosa selección de materiales de la mejor calidad. Pero más allá de estos hitos, el Greco trajo consigo el espíritu del artista intelectual, un concepto forjado en el seno del Humanismo que en España colisionó estrepitosamente contra la concepción gremial del arte. De Italia también trajo el concepto empresarial del taller, instituyendo la mayor industria pictórica del arte clásico español. José Redondo defendía que la producción del cretense alentó una renovación temática, anclada a las tesis contrarreformistas (identificada esencialmente con los símbolos de la penitencia) y a uno de los géneros más cultivados en Venecia, la “pintura de países”.

Pero el pintor también procreó un característico lenguaje artístico de cosecha propia que dinamizó el panorama cultural del momento. Redondo Cuesta explica que El Greco mostró una enorme originalidad a la hora de tratar temas clásicos de la iconografía cristiana. Se permitió complementar algunas imágenes sagradas con claras muestras de sensualidad y erotismo y renovó el género del retrato, sustituyendo el hieratismo del retrato español al cargar de expresividad los rostros de sus retratados, dotándoles de una profundidad psicológica imperceptible hasta la fecha.

 

“El Toledo que recibe al Greco” finalizó con una visita al Museo de Santa Cruz. Frente a la “Inmaculada Oballe” (1608-13), José Redondo y Palma Martínez-Burgos dieron apuntes técnicos sobre la pieza y pusieron en relación la maestría del cretense con los pintores contemporáneos a él, que se encontraban presentes en la sala por medio de sus obras. Finalmente los especialistas reflexionaron sobre las posibles influencias del pintor en el arte vanguardista, sobre cómo los futuristas, los expresionistas y me atrevo a incluir a algunos de los componentes del arte ruso prerrevolucionario percibieron la obra del gran genio griego.

 

 

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